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Panamá: cómo se mide la competitividad país más allá del crecimiento del PIB

Panamá: cómo se mide la competitividad país más allá del crecimiento del PIB

El Producto Interno Bruto (PIB) constituye un indicador clave para analizar la dinámica económica, aunque por sí solo no refleja plenamente la capacidad de un país para generar bienestar duradero, equitativo y resistente. Panamá representa un ejemplo ilustrativo: un centro de servicios y logística que ha mantenido altas tasas de crecimiento durante las últimas décadas, pero que aún enfrenta desafíos de diversificación, desigualdad y sostenibilidad que exigen una perspectiva más amplia sobre su competitividad.

Por qué el PIB no basta

El PIB refleja el valor total de lo producido, pero no muestra cómo se reparte la riqueza, la calidad del empleo, la sostenibilidad ambiental ni el nivel de innovación. Incluso un crecimiento elevado puede encubrir:

  • Desbalances sociales y territoriales.
  • Modelos económicos sustentados en actividades con escasa productividad.
  • Fragilidad ante choques externos (variaciones en el comercio marítimo, fluctuaciones en la demanda de servicios financieros, fenómenos climáticos que impactan el Canal).
  • Deterioro ambiental o uso excesivo de recursos naturales que pone en riesgo el bienestar futuro.

Principales métricas para evaluar la competitividad más allá del PIB

Para analizar la competitividad de Panamá resulta útil integrar un conjunto amplio de indicadores que cubran ámbitos como productividad, inclusión, gobernanza, infraestructura, innovación y sostenibilidad. Entre los más destacados se encuentran:

  • Productividad laboral y productividad total de los factores (PTF): evalúan el valor generado por cada trabajador y la eficacia con que se combinan capital y mano de obra.
  • Calidad del empleo: niveles de informalidad, remuneración real promedio, alcance de la seguridad social y solidez de los contratos laborales.
  • Desigualdad y pobreza: coeficiente de Gini, proporción de población en pobreza extrema y pobreza multidimensional.
  • Capital humano: promedio de años de estudio, desempeño en evaluaciones internacionales, tasa de ingreso a la educación superior y formación técnica.
  • Innovación y conocimiento: inversión en I+D respecto al PIB, cantidad de patentes, compañías de tecnología avanzada y grado de digitalización.
  • Infraestructura y logística: rendimiento portuario, tiempos en procesos aduaneros, capacidad instalada en puertos y nivel de conectividad aérea.
  • Calidad institucional: métricas de transparencia, control de la corrupción, solidez del estado de derecho y facilidad para realizar trámites empresariales.
  • Resiliencia y sostenibilidad: huella ambiental por habitante, composición de la matriz energética, exposición a riesgos climáticos y preservación de ecosistemas.
  • Diversificación de la economía y de las exportaciones: grado de concentración de mercados y bienes, así como el índice de diversificación exportadora.
  • Inclusión financiera y acceso a servicios: proporción de adultos con cuenta bancaria, financiamiento para empresas y alcance de los servicios digitales.

Elementos concretos de la competitividad panameña

Panamá muestra fortalezas y puntos débiles que evidencian la importancia de evaluar la competitividad más allá del PIB:

  • Canal de Panamá y sector logístico: la posición geográfica y la administración del Canal son ventajas estratégicas. La ampliación de 2016 aumentó la capacidad para buques Neopanamax, impulsando actividades portuarias, transbordo y servicios conexos. Al mismo tiempo, episodios de sequía han mostrado la vulnerabilidad climática del servicio y su impacto en ingresos y logística.

Zonas francas y comercio reexportador: la Zona Libre de Colón y el desarrollo de parques logísticos (como Panamá Pacífico) consolidan a Panamá como hub comercial. Esa concentración en actividades de comercio y servicios plantea el reto de diversificar hacia manufactura de mayor valor agregado e industrias tecnológicas.

Desigualdad y empleo: el crecimiento ha convivido con brechas territoriales y sociales. Existen disparidades entre áreas urbanas y rurales, y la informalidad laboral persiste en sectores como comercio y transporte, afectando la protección social y la recaudación fiscal.

Educación y capital humano: Panamá ha ampliado el acceso educativo, aunque aún persisten desafíos vinculados a la calidad y a la alineación de la formación con las demandas del sector productivo, incluyendo competencias digitales y perfiles técnicos especializados en logística, gestión de puertos, cadena de frío y energías limpias.

Reputación, gobernanza y transparencia: revelaciones internacionales y presiones por mayor transparencia han obligado reformas regulatorias y fiscales. La percepción de gobernanza influye en la atracción de inversión extranjera y en la competitividad del sector financiero.

Medio ambiente y recursos hídricos: mantener la disponibilidad de agua para el Canal y para usos urbanos/agropecuarios es esencial. La protección de cuencas, la gestión integrada del agua y la transición energética son determinantes de la competitividad a largo plazo.

Ejemplos y enseñanzas prácticas

  • Ampliación del Canal (2016): ejemplo de inversión estratégica que mejoró la conectividad global de Panamá. Sin embargo, la gestión de la demanda de agua y la resiliencia operativa han requerido inversiones adicionales y gestión ambiental.

Respuesta a crisis climáticas: la reducción de calado para transitos en años de sequía mostró cómo un factor ambiental puede afectar ingresos y cadenas logísticas. La lección: la competitividad debe incorporar medidas de adaptación y mitigación.

Iniciativas de diversificación: fomento del turismo responsable, fortalecimiento de servicios profesionales con proyección internacional y creación de zonas francas enfocadas en tecnología se presentan como esfuerzos destinados a disminuir la dependencia de sectores con escasa diversificación.

Reformas de transparencia: la demanda tanto global como interna por un cumplimiento fiscal más estricto y una supervisión financiera reforzada ha impulsado transformaciones que influyen en la imagen exterior y, en consecuencia, en la posibilidad de captar inversiones limpias.

Indicadores útiles para orientar decisiones públicas y estrategias empresariales

Para que autoridades y actores privados evalúen competitividad más integralmente conviene monitorear un conjunto acotado de indicadores con metas y periodicidad:

  • Productividad por hora trabajada y PTF: meta de converger con promedios regionales más avanzados.
  • Tasa de formalización laboral: reducción sostenida de la informalidad y ampliación de cobertura de seguridad social.
  • Gini y pobreza multidimensional: reducción de brechas y foco territorial en provincias con rezago.
  • Índice de diversificación de exportaciones: menor concentración por producto y mercado.
  • Índices logísticos y de tiempo de despacho: contenedores por hora, tiempos aduaneros y eficiencia portuaria.
  • Gasto en I+D y número de startups tecnológicas: crecimiento anual con incentivos fiscales y apoyo a incubadoras.
  • Acceso a banda ancha y habilidades digitales: cobertura y competencias medidas por encuestas de uso y certificaciones.
  • Matriz energética y emisiones: aumento de la participación de renovables y reducción de la intensidad carbono/PIB.
  • Reservas de agua y gestión de cuencas: indicadores hidrológicos críticos para el Canal y la agroindustria.
  • Percepción de corrupción y calidad institucional: seguimiento por encuestas y ranking internacionales con metas de mejora.

Sugerencias clave orientadas a impulsar de forma sólida la competitividad en su conjunto

  • Enfocar políticas en productividad y diversificación: incentivar cadenas de valor que agreguen mayor valor local (logística avanzada, agroindustria procesadora, servicios digitales).
  • Formalización y calidad del empleo: combinar incentivos tributarios temporales con capacitación y certificación para trabajadores.
  • Invertir en capital humano: priorizar formación técnica alineada con sectores estratégicos y mejorar la calidad educativa básica.
  • Impulsar innovación y emprendimiento: fortalecer ecosistemas de innovación con fondos públicos-privados, vinculación universidad-empresa y políticas de propiedad intelectual.
  • Gestionar recursos naturales y riesgos climáticos: planes integrados de cuencas, almacenamiento hídrico estratégico y transición energética con metas claras.
  • Mejorar la gobernanza y la transparencia: reformas regulatorias que reduzcan la carga administrativa, fortalezcan controles y mejoren la reputación internacional.
  • Medir con indicadores prácticos y comunicarlos: un tablero de competitividad nacional que incluya métricas económicas, sociales y ambientales y que sea público y actualizado.

La competitividad de Panamá no se limita al crecimiento del PIB, sino que requiere un enfoque multidimensional que integre productividad, inclusión, sostenibilidad y una gobernanza sólida; solo mediante esta perspectiva es posible formular políticas capaces de transformar sus ventajas geográficas y logísticas en una prosperidad estable y compartida, reduciendo vulnerabilidades y promoviendo la innovación junto con una mayor equidad social.

Por Víctor Rodriguez

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