jueves, junio 13

Las albóndigas de Ikea en Chile rivalizan con sus muebles | Negocios

Más que ir por muebles u objetos de decoración a las nuevas tiendas que la firma sueca Ikea inauguró hace un año en Chile, hoy el plan principal de quienes viven en la capital del país, Santiago, es ir a comer albóndigas. El módico precio del plato de bolitas de carne, acompañado de puré de patatas y mermelada de arándanos —unos 5,6 dólares (5,2 euros)— ha conquistado paladares entre los comensales del país sudamericano. En su primer año de actividad en el mercado local, Ikea ha vendido 1,5 millones de albóndigas de carne o veganas.

La llegada de la multinacional a Chile, la primera de Sudamérica, era esperada con ansia por los consumidores de ese país. Tanto así que el 10 de agosto de 2022, el día de su inauguración, la fila de personas que quería entrar para conocer las novedades de la tienda sueca se formó de madrugada y a mediodía ya daba la vuelta a varias calles próximas. Sin embargo, el desembarco no ha sido tan fácil. Los primeros meses estuvieron marcados por la lentitud de los envíos a través de su canal de venta electrónica y por la falta de stock de algunos productos.

Resulta que ni los suecos ni los chilenos de Falabella, gigante del comercio minorista dueño de la franquicia del grupo nórdico en el mercado sudamericano, estaban preparados para la enorme demanda a través de internet que generó el estreno en Chile, que superó incluso la que la compañía tiene en Estados Unidos. Así lo confirmó a la prensa local el gerente a cargo del negocio en Sudamérica, Francisco Irarrázaval: “Tenemos un 50% más de penetración del e-commerce que el resto del mundo, que son países desarrollados. No nos esperábamos tener una penetración mayor que Estados Unidos y algo menos que el Reino Unido, donde el uso del comercio electrónico es altísimo”.

Los productos más cotizados por los consumidores chilenos —además de las albóndigas— son las líneas de muebles de dormitorio y muebles icónicos de escritorio conocidos como Kallax y Billy.

Las visitas a la tienda de Ikea se concentran principalmente durante los fines de semana. Y es todo un plan para la familia. Las personas se quedan en promedio tres horas en la tienda, una hora en la zona de exhibición, otra en el restaurante y luego una hora más en la zona de eco-hogar. Claro, que según las cifras, más que comprar en el local, el consumidor chileno ha preferido el sitio web de la compañía.

Debilidad del consumo

Sin embargo, aunque la demanda por productos ha aumentado, todavía las ventas proyectadas en el país sudamericano son más lentas de lo esperado. No hay información oficial al respecto desde la compañía, pero los números consolidados del área de reformas del hogar de Falabella, entre las que se incluye Ikea, así lo reflejan. Durante el primer semestre del año, los ingresos de esta categoría cayeron un 23%. El motivo es lo decaído que ha estado el consumo en Chile después del bum experimentado entre 2021 y parte de 2022 producto de los retiros de fondos de previsión aprobados por el Congreso, en el marco de las medidas adoptadas para ayudar a las familias en medio de la covid-19.

Además, los precios de Ikea en el mercado chileno no han sido todo lo competitivos que prometían. Y, en medio de la incertidumbre económica actual —Chile podría tener una caída del PIB del 0,5% o sufrir un estancamiento este año según las proyecciones del Banco Central—, las familias están optando por productos de primera necesidad. Ahora el desafío de Ikea es conquistar Colombia, donde la sueca planea abrir su tercera tienda en Sudamérica durante el segundo semestre de 2023.

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