domingo, abril 21

China arremete contra Alemania después de que su ministra de Exteriores llamara “dictador” a Xi Jinping | Internacional

Las ya de por sí algo tensas relaciones entre China y Alemania se han visto socavadas por unas palabras pronunciadas en la televisión estadounidense por la ministra de Exteriores germana, la verde Annalena Baerbock. La principal representante diplomática de Berlín calificó al presidente chino, Xi Jinping, de “dictador” en plena entrevista, lo que ha provocado la reacción airada de Pekín. Las declaraciones de Baerbock son “extremadamente absurdas” y suponen una “abierta provocación política”, se ha quejado este lunes el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino.

La ministra alemana es la principal defensora dentro de la coalición de gobierno de socialdemócratas, verdes y liberales de la necesidad de endurecer el enfoque germano respecto a su principal socio comercial. Los Verdes lideraron la redacción de la primera estrategia sobre China, que no ahorra denuncias sobre las “graves violaciones de los derechos humanos” y describe a una potencia asiática “más represiva internamente y más ofensiva en el exterior”.

A diferencia del canciller, Olaf Scholz, al que se ha acusado de contemporizar con China, Baerbock suele ser muy clara en sus declaraciones sobre Pekín y el riesgo que supone su creciente agresividad para la Unión Europea. Pero hasta ahora no había empleado un término tan cargado como el de dictador para referirse al mandatario. En la estrategia, publicada en julio después de meses de equilibrios entre los partidos del Gobierno para ajustar al máximo la retórica empleada para describir al “socio, competidor y rival sistémico” no aparece mención alguna a dictadura o autocracia o cualquier definición del tipo de Ejecutivo.

Las declaraciones que han provocado la queja china se produjeron durante una entrevista en directo con la cadena estadounidense Fox News la semana pasada. El presentador preguntaba a la alemana, de visita en Washington para preparar la cumbre de la ONU que se celebra estos días, por el apoyo de Berlín a Ucrania. Ella responde que su país mantendrá ese apoyo “el tiempo que haga falta” y, con gesto serio, se pregunta: “Porque si [Vladímir] Putin ganara esta guerra, ¿qué señal mandaría eso a los otros dictadores del mundo como Xi, como el presidente chino?”.

Además de calificarlas de “absurdas”, las palabras de Baerbock constituyen “una grave violación de la dignidad de China”, añadió el portavoz de Exteriores chino este lunes. Pekín está “profundamente insatisfecho” y anuncia más gestiones ante Alemania a través de canales diplomáticos. Según Der Spiegel, la marejada diplomática ya ha empezado: el domingo China convocó a la embajadora alemana, Patricia Flor.

Lejos de recular, Berlín ha reiterado este lunes que China no es una democracia. El portavoz adjunto del canciller señaló que el país asiático “está gobernado por un régimen comunista de partido único”. “Está claro que esto no se corresponde con nuestra idea de democracia”, añadió, en respuesta a preguntas de los periodistas sobre la opinión del líder alemán durante una rueda de prensa ordinaria en Berlín. Otro periodista insistió: “¿Cree que este tipo de retórica es útil para aliviar las tensiones con China?”, a lo que el portavoz contestó con un escueto: “Mantengo lo que acabo de decir”.

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Baerbock reaccionó con calma a las críticas de China. A preguntas sobre la reacción de Pekín, la ministra respondió en Nueva York en el marco de la 78 Asamblea General de Naciones Unidas: “He tomado nota de ello”, dijo, y evitó comentar nada más.

Alemania, y el resto de la UE, se encuentran en plena redefinición de sus relaciones con la potencia china. Aunque finalmente Berlín superó el pasado invierno sin restricciones ni cortes energéticos, el fin del suministro del gas ruso en los primeros meses de la guerra de Ucrania colocó al país en una situación muy comprometida que ha cambiado de raíz la percepción tanto del Gobierno como de la población sobre las relaciones con países que no comparten los valores occidentales. Berlín está decidida a no repetir el error de Rusia y a vigilar estrechamente las dependencias unilaterales para evitar quedar en la misma situación de vulnerabilidad.

Pese a que el mantra que repiten los miembros del Ejecutivo de Scholz, Baerbock incluida, es que Alemania no quiere desvincularse de China, el país ha empezado un examen detallado de los riesgos de su estrecha relación con el gigante asiático. El objetivo es mitigarlos, mediante el control a determinadas inversiones o la restricción a la exportación de tecnología de interés militar. La estrategia alemana destaca, por ejemplo, que la UE importa de China el 98% de las tierras raras que necesita para fabricar motores eléctricos y generadores, y señala que diversificar será clave en un futuro para evitar dependencias peligrosas como la de Rusia y su gas.

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