Barcelona: Este número no corresponde a ningún usuario | Fútbol | Deportes
Cuando murió mi padre, mi madre decidió que no iba a dar de baja su teléfono. Quería mantener esa parte con vida, por si llamaba alguien. O por si lo hacía él, quién sabe. Su teléfono, un iPhone 5 pequeño y negro, sigue en la repisa de la chimenea del salón y se pasa la mitad del tiempo conectado porque la batería ya no le permite sobrevivir de forma autónoma. Es como un respirador de aquellos que nos faltaron en la pandemia y con los que traficaron algunos miserables, pero conectado a nuestros recuerdos. A todos los efectos. Hasta hace…
