lunes, julio 15

Juan Naya (Isdin): “Hice el Camino de Santiago y me quemé con el sol por pereza” | Negocios

Son las cinco de la mañana en México, desde donde Juan Naya (Villanueva de Sijena, Huesca, 1968) realiza esta entrevista. Con atuendo informal y problemas de conexión, el consejero delegado de los laboratorios Isdin, reconoce que no cree que se jubile nunca porque los retos son la mayor de sus pasiones. Este astrofísico curioso que dejó la NASA para regresar a España con su familia se declara tan seguro de sí mismo como encantado con la magia de la incertidumbre.

Pregunta. ¿Cómo se definiría?

Respuesta. Como un soñador, una persona que se atreve a soñar y que no se rinde.

P. ¿Y cuánto tiempo se pasa en la Luna?

R. El necesario para tener perspectiva y poder generar una visión de cómo me gustaría que fuesen las cosas. Yo creo mucho en que creer es crear. Cuando tú crees en algo, ese es el primer paso para crearlo. Y algo que me motiva es la construcción, crear algo desde cero, especialmente si tiene impacto positivo.

P. Y entre sueño y sueño, ¿cuánto tiempo dedica a su familia? ¿Concilia?

R. Bueno, ese es un gran reto. Nunca lo suficiente. La suerte es que tengo una esposa por la que siempre me he sentido apoyado. Y dos hijas de 19 y 21 años que, de alguna manera, me sufren. Intento tener mis tardes-noches y mis desayunos con ellas y pasar el fin de semana en familia. Pero en este tema mi nota no sería todo lo buena que me gustaría.

P. ¿Qué hace los fines de semana?

R. Intento descansar, aprovechar para pasear por Barcelona o viajar, soy de Villanueva de Sijena, y me gusta pasar días allí para oxigenarme y disfrutar de tiempo de calidad con la familia y los amigos.

P. ¿Cuáles son sus principales aficiones?

R. Cuando me meto en algo me dedico con bastante intensidad. Uno de mis hobbies ha sido la recreación de la restauración de las pinturas y los techos de Sala Capitular del Monasterio de Sijena, un proyecto de 15 años por el que hemos podido dar vida a un tesoro que se perdió con la Guerra Civil y hacer una película: El sueño de Sijena, que cuenta esa aventura. Esa es una de mis pasiones. Tengo otras: me gusta la astronomía, la astrofotografía, que hace tiempo que no practico porque es una afición muy sacrificada porque se hace por las noches, normalmente de madrugada y con frío; además me gusta la música, toco la guitarra, es algo absorbente y difícil de compatibilizar; y me gusta el deporte, la bicicleta, el deporte de raqueta… y también me gusta viajar, el arte, la historia, el mar…

P. ¿Le da tiempo a todo eso?

R. La covid nos ha trastocado a todos. Ahora hay muchas ganas de volver a salir, a viajar, a retomar cosas que hemos aparcado estos años. El tiempo siempre es lo más escaso que tenemos. Me ha dado tiempo a hacer lo de Sijena y me ha quitado mucho tiempo personal. Es el momento de recuperar ese tiempo para viajar, para bucear como hacía todos los años, para estar con mi familia.

P. ¿Dónde va a ir de vacaciones?

R. Tenemos una casita en la playa, este verano espero pasar allí unas semanas y disfrutar del sol, el mar, los amigos, la tranquilidad… Y después iremos a Sijena y haremos un viaje relámpago en familia.

P. ¿Se cuida?

R. Creo que sí. Es importante cuidarse cada día. Intento cuidar la comida, no hacer excesos o, si los hago, compensarlos cenando una manzana. Me funciona muy bien. Con el deporte intento hacer un mínimo de dos veces a la semana para estar en forma. Recientemente, hemos hecho el Camino de Santiago los miembros del equipo directivo. Hemos estado una semana andando 104 kilómetros desde Sarria y tenemos la Compostelana. Les he sorprendido porque no es que sea un gran deportista, pero engaño porque cuando me pongo voy muy rápido. Ha sido una experiencia que aconsejo a todo el mundo. Y aunque me pongo protección solar siempre que salgo al exterior, por pereza haciendo el Camino no me protegí el brazo y el cuello y me los quemé.

P. ¿Se da caprichos?

R. Yo diría que no, pero probablemente mi mujer diría que sí. Soy una persona sencilla y me conformo con cualquier cosa. Me gusta el buen vino, una buena cena, unos buenos quesos, un rato en tertulia… Tengo caprichos. Colecciono fósiles y cuando viajo o en mi cumpleaños me compro o regalan algunos. También me gustan los libros de arte; el buceo es otro capricho… es como una reconexión con un mundo que no vemos normalmente. A veces pensamos en los viajes a Marte, a la Luna, a otros planetas, pero realmente te pones a bucear y entras en otro planeta y eso me fascina.

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